04/03/12

Ayer sentí deseos de asesinar (otra vez).

Es un sentimiento recurrente: tomar la justicia con mis propias manos, hacer que el culpable sienta dolor, enviarlo directo a un imaginario infierno para que pague eternamente sus culpas. Ser juez, verdugo... ser Dios todopoderoso.
Caminaba ayer por la Avenida Caracas con calle 39 en esta ciudad de espectros humanos llamada Bogotá (sí, adivinaron: capital de un país lleno de retardados mentales). De repente vi un par de policías corriendo y separando a dos individuos que, en medio de la calle, se golpeaban con furia hasta sangrar (al menos esa fue mi primera impresión). La escena interrumpió mi camino, pero no era mi intención rodear a los actores, como bien suelen hacerlo los chismosos de circunstancias, que en estos casos no faltan y aparecen como hormigas. Sin embargo, al ver de soslayo y comprender la naturaleza del suceso, no pude evitar hacer un alto para observar más de cerca y, de ser posible, intervenir con todo el peso de mi odio. No eran dos individuos luchando, cosa que habría sido bastante interesante, sobre todo si de por medio estaba el amor de una joven doncella. En realidad se trataba de un estúpido ataviado con uniforme de jugar fútbol, de esos que gustan de hacer deporte los fines de semana para dar la impresión de tener un estado físico óptimo pero que, a todas luces, ya no pueden disimular el deterioro de su cuerpo y esa triste panza que se asoma bajo su camisa sudada; este subnormal golpeaba, masacraba a un pobre niño que, a juzgar por lo que vi, tendría unos diez años y no llegaba ni a la cintura del mencionado aficionado al deporte de fin de semana. Los policías los habían separado, mejor dicho, habían arrancado al peso pesado del cuerpo del niño, y, mientras este último lloraba y sangraba, más compañeros deportistas, todos de entre 25 y 35 años, vinieron a ayudar al primero en su noble labor de golpear al chiquillo. Los encargados del orden hacían lo posible para contener la adrenalina de estos futbolistas, pero de vez en cuando se asomaba una patada o una mano con el puño cerrado y acertaban en el rostro sangrante del niño. Algunos indignados del momento elevaron su voz en señal de protesta por tan vil acción (cosa que apoyé desde la impotencia de mi silencio).
Pero, la verdad, mi cuerpo hervía, mi corazón palpitaba con fuerza. Mi mayor deseo era intervenir directamente y enfrentar a esos futbolistas barrigones para aplicarles el peso de mi propia justicia personal. Deseaba que sufrieran por siempre, que lloraran como el niño al que cobardemente golpeaban, que pagaran por la maldad de sus actos. No obstante, a pesar del temblor de mi cuerpo y de ese deseo inmenso de ser Dios, tuve que contenerme y quedarme pegado al suelo por un instante, para luego dar media vuelta y perderme en la neblina de mi impotencia. Solo había que ver la cara de esos mequetrefes: parecían narcotraficantes, de esos que pululan e imponen las leyes en este remedo de país; parecían asesinos, violadores, seres de esos que dicen estar haciendo el bien cuando en realidad lo único que les interesa es asegurar sus economías (especie deplorable que pulula en este país y que aparece en cada calle, en cada canal de televisión, en cada debate político, en cada restaurante, en cada negocio). Contra gentuza de este tipo no hay nada que hacer, y por eso mi razón me obligó a no intervenir.
En mis sueños, en mis escritos, en mis obras morirán.
El niño les había robado algo, quién sabe qué, un reloj, una billetera, quizás un teléfono móvil de última generación. Así es, era un niñito ladrón, de esos que también pululan en este antro. Y ellos, paladines del orden, tal vez empresarios serios, de esos de corbata, buen carro, apartamento con televisión plasma y esposa con silicona en las tetas, deportistas de fin de semana que votan por el político que les asegure conservar sus privilegios, decidieron intervenir con golpes de odio hacia la niñez desamparada, hacia aquel que en el futuro, muy seguramente, sobre todo por seres como ellos, va a convertirse en delincuente y criminal.
¡IMBÉCILES! ¡RETARDADOS MENTALES!
Mi justicia imaginaria, la delicia de mis deseos va a ellos, envuelve sus almas con un manto de tinieblas. Pero también se aplica a quienes permiten que un país, una sociedad tenga miles de niños en la pobreza, niños que no tienen más opción sino robar para poder sobrevivir en un mundo de salvajes. Y a los miserables patriotas, a los ciegos egoístas (que son muchos y claman por un país en donde sea posible ostentar lujos sin que los pobres los toquen) les escupo en la cara y les digo que un lugar en donde los niños roban y son golpeados por ello merece estar, completo, completo, en el infierno.
En mis sueños, en mis escritos, en mis obras morirán.

22/02/12

Miércoles de ceniza

Hay días en los que esa antigua sospecha que ronda cual espectro en la cabeza se hace más fuerte y llena el corazón de irreprimibles sentimientos de angustia que golpean con sus dardos el juicio personal. Son momentos en los que se puede afirmar y gritar al cielo que la evasiva locura ha definitivamente logrado hacer su nicho en nuestra vapuleada conciencia. Sucede a menudo, eso es cierto, pero cuando los demonios inquietos deciden abrir las puertas del infierno, cosa que ocurre cada cierto tiempo, días, meses, años..., quizás movimientos cíclicos de un tiempo de otra dimensión, el sendero de la inexpugnable demencia se convierte en una realidad que existe desde tiempo atrás; eso es lo que siempre habíamos querido negar. Son días como hoy.
Al despertarme sentí que una sombra escapaba por la ventana de mi cuarto, dejando una estela de azufre volando sobre mi rostro. Me levanté con dificultad y noté extrañado que el día estaba cubierto por un manto de frío y oscuridad que oprimía con su peso los hombros de los caminantes que se habían aventurado a salir. Deseaba permanecer en mi hogar, al abrigo del olor hediondo que flotaba sobre la ciudad. Lamentablemente, soy un humano normal, debo trabajar y afrontar las penas de mi cotidianidad, así que no tuve más opción que vestirme y lanzarme a la búsqueda de mi destino. Triste cosa: descubrí que mi razón solo es un fantasma creado por mis ansias de orden, encontré que el mundo es un flujo de partículas caóticas que colisionan en mí creando incertidumbre. No avancé mucho cuando encontré al primer demonio, criatura repugnante que caminaba exhalando humo por sus fosas nasales y que tenía dibujada en su frente una cruz hecha con la más impura de las cenizas. Como pude, evadí su presencia y seguí de largo, pero pronto se aproximó a mí, volando cual criatura infernal, otro ser purulento y maloliente que, como el anterior, también tenía una cruz marcada en la frente. Este demonio me miró a los ojos, por poco sucumbo ante su mirada vacía. Y seguí avanzando, y a cada nuevo paso salía a mi encuentro otro y otro demonio, dejando rastros de temor en mi corazón y polvo de ceniza en el camino que yo debía recorrer. ¡La cruz! ¡La cruz está por todos lados! ¡Estoy volviéndome loco! Las puertas del infierno se abrieron de par en par y las criaturas del inframundo deambulan por la ciudad. El mal se apodera de la humanidad... Ya no hay nada que hacer, ni por mí ni por nadie...
Llego a mi maldito lugar de trabajo y debo fingir que las personas que me rodean no cargan con esa cruz. Me miran, me quieren convertir, desean matarme. No puedo, no puedo...
-Él murió por nosotros -dice un demonio.
Miro al suelo e intento salir del laberinto de mi perdición. Pero para hacerlo, necesito volverme invisible: no soy como ellos pero para que no me ataquen debo aparentar que no soy distinto.
Y mi locura es tal que no puedo dejar de pensar que el mal es astuto y se disfraza de bien...

16/02/12

Un revolucionario

(...) Permanecí en aquel lugar durante largo rato, seguramente algunos días y algunas noches, sin comer, sin beber, casi sin moverme; hasta que sentí que mis heridas no dolían tanto y que mi cuerpo mismo exigía una recuperación rápida. Es muy extraño, estando en dicho estado llegué a creer algunas veces que había llegado para mí el momento de la inacción, en el cual mi cuerpo dejaría de ser yo. No obstante siempre pude darme cuenta de que seguía sintiendo, escuchando sonidos y oliendo en la distancia la carne puesta en el fuego; por lo tanto aún seguía siendo yo. Quizás el cuerpo posea una tendencia natural que lo incita a seguir siendo cuerpo. O quizás el mío sea tan especial y tenga características y poderes benéficos otorgados por los espíritus. Si esto fuese así, resultaría muy probable que los líderes tuviesen razón y yo sea verdaderamente un elegido. Pero mi razonamiento prefiere inclinarse por la primera opción puesto que a lo largo de mi vida he visto cuerpos heridos que terminan recuperándose y jamás se había dicho de ellos que fuesen elegidos; simplemente son y quieren seguir siendo. Cuando por fin me levanté, me dirigí cojeando hacia la fogata en donde se estaba asando la carne y, bajo la mirada penetrante de toda la comunidad, tomé un trozo y lo llevé a mi boca en silencio. Sabía que todos, incluidos los líderes, estaban pendientes de hasta la más mínima de mis acciones, más aún sabiendo que el hecho de que me encaminase hacia una pared y comenzase a pintar sería tomado como una señal de que los espíritus se querían comunicar con la comunidad, lo cual daría inicio a un nuevo ritual que permitiría que nuestros líderes se estableciesen sin problemas o cuestionamientos como los únicos y absolutos dueños de las vidas de los demás, dominándolos a su antojo y recibiendo por siempre un inmerecido tributo. Ante una posibilidad tan terrible, mastiqué la carne con mucha furia, emití con la boca un sonido grave y me dirigí cojeando hacía el fondo de la cueva. Casi de inmediato todos mis compañeros dejaron a un lado sus ocupaciones y, manifestando su ansiedad y su sorpresa, me siguieron con sus miradas y con sus cuerpos (...).

Extracto del cuento Un revolucionario, del libro Execror (pueden descargarlo gratis en el enlace que aparece en la columna derecha del blog.

29/01/12

Sin conciencia

Anoche soñé que no tenía cuerpo. Mi pensamiento, memoria, imaginación..., mi temor, estaban solos, encerrados en un torbellino formado por su propio movimiento en un lugar sin espacio ni tiempo. No es la primera vez que sueño algo parecido, de hecho es mi pesadilla más recurrente. Intento moverme, caminar, gritar, pero lo único que puedo hacer es pensar. Soy solo conciencia, nada más. Soy una mutación, casi una aberración (como en la película Johnny got his gun). Quiero morir, estoy solo en el universo... soy el Universo.
Pero siempre llega un nuevo día. Me levanto, siento mi cuerpo y noto con renovada serenidad que mi pensamiento no está solo y que ocupo un lugar en el espacio. Y cuando salgo a la calle el sol me calienta, el viento acaricia mi rostro y oigo la melodía de la naturaleza. Estoy vivo, sí que lo estoy.
Sin embargo, a medida que el día avanza (o que avanzo en el día), descubro con angustia que la pesadilla no ha cesado. ¡Es pura energía! ¡Para sobrevivir en mi conciencia se ha transformado! Alrededor de este cuerpo que me permite sentir deambulan millones de cuerpos con dos extremidades inferiores, dos superiores y una especie de tumor llamado "cabeza". En un principio pienso que son como yo, pero pronto se hace evidente que no, que no tienen conciencia, no piensan, imaginan o recuerdan. ¡Son solo cuerpos! Siento temor, no sé qué hacer. ¿Qué puede ser peor? Durante la noche soy una conciencia sin peso, durante el día soy un ser completo rodeado de cuerpos sin conciencia. Como sea, estoy solo. Como sea, debo vivir. Quizá lo mejor sea aparentar, cosa de no levantar sospechas. Aunque yo sea conciencia fingiré que mi naturaleza no difiere de la suya. Me levantaré, saldré a caminar, trabajaré fuertemente, haré gestos de amargura, tendré un hogar lleno de objetos inservibles, haré dinero, me comportaré como un hipócrita, les haré saber que olvidé mis sueños, que quizá nunca los tuve... Convenceré a mi prójimo sin conciencia de que soy como él: un esclavo que morirá sin haber vivido.
Aquí estoy. Soy una máscara, soy un rostro humano con un cuerpo y sin pensamiento. Soy uno más de ustedes. Soy un producto, una parte de una maquinaria diabólica, y lo acepto. Soy un ser humano, la cúspide de "la creación", el punto más alto de "la evolución". Soy progreso, soy desarrollo, no soy conciencia...
Pero esta noche dormiré y me sumergiré en mis propios meandros desconocidos. La pesadilla continuará, pero al menos dejaré que mi pensamiento gobierne sobre el peso de la materia.

09/12/11

El reverso de la filantropía

I.................................................................................................. .......... Un brillo fugaz sobre los ojos oscuros, cierto cambio en el ritmo del latido, ligero temblor en el cuerpo, sobre todo en las mejillas, una sonrisa de marioneta que descubre la irregularidad de dos filas de dientes amarillentos. Signos inequívocos de la alegría de la señora N. El mundo frente a ella se presenta tal y como sus deseos lo han fabricado, allá en lo insondable de su pequeña mente juguetona. "Dios está conmigo, Dios está con los que tenemos fe -dice ella mientras estira su brazo con la mano abierta...- Este mundo me necesita, los seres menesterosos deben recurrir a mi caridad, a mi piedad." Qué gran emoción: ¡tantos humanos sufriendo, tantas almas que salvar! La misión de la señora N. se perfila cada día con mayor claridad. Para salvar el alma propia se debe ayudar al prójimo. La suerte y la voluntad de Dios (por el cual ella experimenta un amor desquiciado, obsceno, lujurioso) han querido que el humano venga a la vida para sufrir. El pasaje a la salvación eterna se gana con las acciones nimias que pretenden ser extraordinarias, con los hechos que demuestran superficialmente que ella, la propia señora N., es un ser digno de la admiración de los demás. Mientras ayuda, mientras ubica la máscara de compasión en su rostro, un soplo de tranquilidad invade su corazón. Es Dios, quien jadea mientras la cabalga. .................................................................. .......................................... II................................. ........................... Y qué mejor momento para ayudar al prójimo menesteroso que la bendición de una enfermedad o de una catástrofe ocurrida a un conocido, quizás un ser querido. La hija de la señora N. tuvo que ir de urgencia al hospital; nada demasiado grave, pero lo suficiente como para quedar hospitalizada un par de días. Pero los acontecimientos son tan impredecibles, los caminos de Dios son tan misteriosos, que la joven estaba con su novio cuando ocurrió el suceso. Fue él quien se encargó de dejarla en el hospital y de cerciorarse de que la vieran los médicos. "No, señora N. -dice él con nerviosismo-, no es nada grave... No, no es necesario que venga, ella ya está en un cuarto y los horarios de visita terminaron. Será mejor que venga mañana por la mañana. Creo que la operarán por la tarde..." Luego de colgar el teléfono, el vientre de la señora N. se mueve con furia volcánica. En su interior pasea un flujo de cólera que impide que el sueño llegue apacible. "¿Me has abandonado, Dios? Mi hija está enferma y yo aquí sin poder hacer nada". Al día siguiente, luego de vestirse elegantemente para la ocasión, la señora N. se dirige al hospital. "Voy a visitar a mi hija -dice ella al sorprendido taxista-. Debo ayudarla en este momento difícil". Al llegar, su oscura mirada se cruza con los ojos de su yerno, el cual se dispone a saludarla y a explicar en detalle lo ocurrido la noche anterior. Pero la señora N. lo ignora y, tras evitar el saludo junto al ascensor, se dirige al cuarto en el que está su hija mientras sus amarillentos dientes rechinan de incontrolable ardor. La enferma está sobre la cama verde, algunas personas, visitantes de otros enfermos, hablan en voz baja con sus seres amados. De repente, como una tromba salvaje, como un cataclismo natural, el cuerpo de la señora N. se abalanza sobre el lecho de su hija. Y antes de que esta pueda saludar a su madre recibe con lágrimas en los ojos e incertidumbre un cúmulo de reproches y de palabras que sería mejor no traducir, tal es la magnitud de la furia de la señora N. Poco importaba que su hija estuviese débil y enferma, poco importaba que empeorase, lo que cuenta es que los seres buenos deben ayudar al prójimo, esta es la ley de Dios. "Nadie más debe ayudarte, hija bastarda -gritó la señora N.-. ¡Yooooooo sola debo ocuparme de los problemas de los demás, más aún si son mis familiares! ¡Traicionera! ¿Acaso deseas el mal a tu madre? ¿Quieres que vaya al infierno? Ese remedo de yerno que tengo no tuvo por qué haberte traído... ¡Yoooo y solo yooooo debo ocuparme de esto!" Afortunadamente la joven se recuperó y ahora goza de salud envidiable. Sin embargo, la señora N. quedó triste durante largo rato. "Si al menos mi hija se hubiera salvado gracias a mí". ...................................... ................................................... ............................ III Pero el tiempo sigue su rumbo y las oraciones de la señora N. parecen ser tenidas en consideración por el buen Dios. Los humanos nacieron bajo el signo del sufrimiento, ese es su sino; entonces, para bien de las almas piadosas, hay bastante trabajo por hacer. La señora N. tiene espíritu de superhéroe, cree tener una misión que cumplir en esta vida absurda. Así, todas las noches pide a Dios que envíe más enfermedades y calamidades a los seres que la rodean. Y cada día que pasa gana puntos que le permitirán abrir las puertas del cielo cuando llegue el momento indicado. "Agradéceme -dice al menesteroso de turno-. Si no fuera por mí tu sufrimiento sería insoportable." A este ritmo, las almas salvadas por su filantropía desinteresada serán tantas que el cuadernito en donde ella lleva la lista no alcanzará. Y su vida, su propia vida, la de la señora N., será una cadena de favores que Dios tragará con devoción sexual. Los necesitados, más aún si tienen algún poder económico (una debilidad de la señora N.), tendrán siempre en su memoria la imagen de los dientes amarillentos y de la sonrisa enmarcada en labial fucsia de esta señora que ayuda al prójimo sin pensar en sí misma; y por ello se extenderán en obsequios hacia ella y harán de su existencia un oasis en el que se demuestra que la ley del mínimo esfuerzo mezclada con altas dosis de devoción y fe dan frutos eternos. ¡Sufran humanos! ¡Sufran que el ejercito de señoras N. necesita de su vida vacía para garantizar su propia salvación!

29/11/11

Un poco de diversión para el pueblo.

Cuerpos reventados, labios inflamados, mejillas abultadas, ojos fuera de sus cuencas; la máscara que sangra se despide de la carne y el ser que ya no es dice adiós a la vida bajo la humillación del público expectante. Sangre, queremos sangre; eso es lo que nos divierte, eso es lo que pedimos quienes clamamos una justicia en el reino de este mundo. Pero, ¿qué es justicia? No lo sé, no lo sé, creo que es esa máscara deforme llena de sangre seca junto a ese montículo que debe ser lo que queda de nariz. Sí, el pueblo tiene sed de circo. Si en la antigüedad nos daban la deliciosa oportunidad de asistir a las torturas públicas o a las ejecuciones, si pasábamos saliva espesa cada vez que veíamos una cabeza cayendo dentro de una sucia cesta, exigimos que en la actualidad no nos sea usurpado ese indecible placer de ver el cuerpo de los enemigos de la sociedad, ¡nuestros enemigos!, tirado en el suelo, intentando hacer gestos de dignidad mientras los gusanos comienzan a roer sus carnes y los justicieros, ¡nuestros héroes!, se fotografían victoriosos junto al cadáver. ¡Quiero ver sesos en el suelo, músculos desgarrados, orificios de proyectil y huesos fracturados! Al fin y al cabo, el pueblo tiene derecho a sentirse satisfecho. ¡Por favor!: tenemos derecho a ver primeros planos de los cadáveres de nuestros enemigos en los noticieros de televisión y en las imágenes de los diarios en internet. ¡Esa es nuestra libertad! Y luego, deportes, actrices con tetas enormes y cantantes con narices llenas de cocaína. ¡Lo merecemos! ¡Esa es la verdadera justicia! Pero lo más hermoso es saber que nuestros niños también crecerán con la misma sed de sangre. Sublime. Cuando sean adultos serán ciudadanos de bien, políticos de la mentira, predicadores de lo absurdo, defensores del des(orden) o empresarios de la esclavitud. Todo da vueltas, todo vuelve a su sitio. Todo es delicioso en este mundo de máscaras sonrientes. Libertad, justicia, muerte, humanidad... Sonrío, sonrío...

02/11/11

Execror

Luego de un tiempo de reestructuración (¡vaya lenguaje de pacotilla!) he decidido volver a colocar mi primer libro de relatos, Execror, en la red. La descarga es gratuita; pueden hacer "click" en el enlace ubicado en la parte derecha del blog. Esta vez, los relatos han sido revisados; además hay algunos completamente inéditos. Han participado individualmente en diversos concursos de literatura, con la gran suerte de no haber sido seleccionados, quizás ni siquiera leídos. Son nueve relatos un tanto extraños y nada benévolos con aquello que llamamos "la naturaleza humana". Acepto críticas. Un saludo.

30/10/11

Bella

Pintura al óleo. 90 x 100 cm. Díptico. 2008. Un regalo para mi amada...

18/10/11

Cri de désespoir

Ah!!! Mais regarde-les! Ils sont fous, complètement fous. Ce qui reste de leur cerveau s'échappe en descendant de leur nez... c'est une matière verte ou grise, épaise, inservible. Quoi? Il sont des vrais patriotes? Mais quelle patriotisme! Mouchez bien votre nez puant, mes chers mongoliens... Non! il n y a plus de pays! Tout-ce qui reste c'est le monde sous les ordures des entreprises, des corporations et des banques. Vous ne vendez votre vie qu'à des sales êtres qui consomment votre âme. Vous êtes des misérables pions, votre vie ne vaut rien! Alors, ne venez pas vous vanter de votre liberté mensongère. Partez!!! Ne polluez pas ma planète!

19/09/11

Un hombre ejemplar

Me gradué de la Escuela de Medicina hace cinco años. Mis padres y familiares expresaron entonces, y desde mucho antes, cuando mostré mis capacidades y talentos, una alegría y un orgullo sin límites, cosa que no dejaron de recordar en cada reunión social en la que, por supuesto, yo era la estrella. Pasado el tiempo, ya consolidado como uno de los mejores médicos de la provincia en donde nací, el orgullo familiar, y el mío, aumentó considerablemente; no era para menos: las empresas privadas encargadas de prestar los servicios de salud me elegían, año tras año, como uno de los empleados más eficientes y carismáticos, como un médico verdaderamente ejemplar. Mi manera de actuar era clara: cuando un paciente llegaba, lo observaba, lo analizaba y le decía que en realidad sus dolencias eran momentáneas y no tenían la gravedad que en principio parecían tener. Por supuesto, le formulaba unas cuantas píldoras baratas, y el enfermo, mi cliente, se iba a su casa y dejaba de molestar con sus supuestas dolencias. La empresa en donde trabajo, una de las más exitosas del país, notó muy pronto que yo era uno de esos médicos que piensa primero en el progreso y en el desarrollo empresarial y no en cuestiones nimias como la salud de un simple humano sin valor alguno. Por eso fui nombrado en varias ocasiones "Empleado del mes". Obviamente, mis labores altruistas siguieron su carrera ascendente, lo cual en muy poco tiempo significó que mi situación económica fuese más que envidiable; de hecho, aún en la actualidad sigo siendo la estrella de las reuniones sociales y mi querida madre recibe a los invitados en el salón principal de una de mis casas y muestra, con visible emoción en sus ojos, todos los objetos que he podido adquirir gracias a mi eficacia médica. En el trabajo descubrí que mi imagen también ganaría puntos si evitaba que los pacientes se tomaran los exámenes más costosos. Mi empresa me lo agradeció y mi salario aumentó tanto en tan poco tiempo que ahora soy dueño de muchas propiedades, autos y demás pequeños objetos placenteros tan importantes para hacer de un individuo alguien verdaderamente exitoso. Ya me lo habían dicho en la escuela: lo importante es tener, poseer. Algunos locos dirán que un humano se mide por lo que hace o lo que es, pero yo creo que me tienen envidia: tengo ahora tanto dinero que sería necio que me ocupe de lo que dicen mis detractores. Además, la mejor prueba de lo que soy es el ambiente exquisito de mis reuniones sociales; si el centro de interés soy yo, y mis logros, entonces soy realmente un individuo exitoso. Pero tengo ambiciones aún más grandes. Como me convertí en el médico más importante, en el que cuida de cerca los intereses económicos de mi empresa, fui nombrado representante internacional y modelo de hombre emprendedor. Ahora viajo por todo el mundo vendiendo los últimos medicamentos inventados por una gran industria farmaceútica. Por cada negocio que logro, sobre todo en los países del tercer mundo, recibo una cuantiosa comisión, además de los honores y las felicitaciones de los hombres más poderosos del planeta. Algunos dicen que la salud del ser humano es un derecho fundamental, pero yo creo que esto es una locura: quien quiera preservar su salud debe pagar bastante (le recomiendo los productos de la industria para la cual trabajo). Mi pensamiento altruista y filantrópico me ha llevado muy lejos. De seguro seguiré creciendo económica y espiritualmente, porque la salud verdadera es el dinero. Ya lo decía mi madre cuando yo era un pequeño: "Mi muchacho será un hombre exitoso. Es inteligente y no vivirá en la pobreza". Mírame madre, mírame bien. No hagas caso de quienes dicen que por mi culpa han muerto muchas personas. Yo siempre he hecho lo mejor para la sociedad y para mi empresa. Es envidia lo que me tienen: su fotografía no ha salido jamás en las crónicas sociales y su pobreza económica los enceguece. Hagamos una reunión social madre, quiero ser alabado. Invitemos a figuras de la política, a empresarios, a los medios de comunicación. Soy un hombre de bien. Soy un hombre ejemplar.

25/08/11

El mundo al revés.

Hace ya bastante tiempo que dejé de creer en los juicios humanos, en la opinión del populacho; más aún cuando se trata de cuestiones políticas, estéticas o artísticas. Sin embargo, no puedo dejar de sorprenderme ante cada nueva payasada que descubro en las acciones de las gentes o de las sociedades. Esta vez, me refiero a la nueva idiotez cometida por un familiar mío: un tío, para ser exactos. El hombre, que debe contar en la actualidad con unos setenta años, tuvo ahora la brillante y poco original idea de dedicarse a escribir. Eso no es sorprendente. De hecho debe haber alrededor del mundo millones de expedientes geriátricos en los cuales consta que un anciano demente siente, en la curva descendente de su vida, esa imperiosa y afanosa necesidad por hacer en el final algo verdaderamente útil, algo que, por cuestiones morales, o por haber siempre enaltecido el concepto de "progreso" (socialmente hablando), no hizo a lo largo de su desperdiciada vida vacía. Como digo, eso no es nada sorprendente; cuando un anciano mira hacia atrás y descubre que vivió una farsa, debe tener un momentáneo acceso de locura que le dice que, sí, se equivocó desde el comienzo. No hay ningún problema en ello; todos pueden, si quieren, utilizar su tiempo escribiendo, pintando, componiendo o inventando improbables máquinas del tiempo. El problema es, en el caso de mi alienado tío, que su mente le jugó una mala pasada, uno de esos absurdos y paradójicos cambios de ideas que resultan ser muy normales en cualquier humano, pero que en los ancianos se convierten en un asunto francamente ridículo. Lo que sucede es que el "buen hombre" (tú, querido tío), resolvió dedicarse al arte de las letras después de que estuvo defendiendo durante toda su vida las ideas más antiartísticas que puedan existir. Para él, un hombre verdadero es aquel que produce dinero, que obtiene una posición social alta y que trabaja incansablemente para el bien de su bolsillo y de su amada sociedad. Ese no es mi tipo de pensamiento pero digamos que lo respeto... La cuestión radica en que él siempre criticó a los artistas de cualquier tipo, y dijo en voz bien alta que ellos no servían para nada, que eran unos "parásitos de la sociedad" (palabras textuales) y que sus comportamientos eran completamente reprochables. ¿Ya comprenden por qué me sorprendo ahora que llegó a su vejez con incomprensibles impulsos literarios? ¿Se volvió loco? Probablemente, así como todos aquellos ancianos que deciden escribir su autobiografía que no le interesa siquiera a sus hijos o nietos. Pero hay algo más: mi tío, mi queridísimo tío, sangre de mi sangre, no ha leído JAMÁS un solo libro en su vida, exceptuando, claro está, una que otra biografía alternada con basuras de tipo "Sé un hombre exitoso" o "La autosuperación está en ti". Yo mismo tuve la Fortuna de iniciar la corrección de sus textos iluminados, y debí desistir al poco tiempo. ¿La razón? El hombre no sabe qué es un punto, una coma, un sujeto, un complemento, un adjetivo, un verbo, etc. En el otoño de sus días, él creyó que escribir era una cuestión de extrema facilidad, y cuando se dijo "manos a la obra" se dedicó a poner una palabra tras otra, sin el más mínimo respeto de la sintaxis, sin el más mínimo respeto de nada. ¡Esa sopa de porquería era completamente ilegible! Por supuesto, me hice a un lado y dejé que él siguiera solo con sus fantasías seniles. Pero ahora, la sorpresa se hace más grande, y por eso comencé esta entrada con aquello de los jucios populares. Mi tío, que siempre tuvo buenas relaciones (obviamente) con gente "poderosa" y adinerada, con políticos y hombres "exitosos", acaba de publicar su primer libro, y lo hizo con todas las normas de la pompa (reunión, coctel, charlas vacuas en club social). Y yo me pregunto: ¿cuántos hombres admirados por sus obras, a través de toda la historia de la humanidad, han podido ver sus sueños de mentira hechos realidad por el solo hecho de conocer a otros hombres que pueden ayudarles? Eso es política, no arte. Sin embargo, incluso aquellos conocidos, así hubiesen contado con la suerte de estar en el momento justo, rodeados de gente adecuada, deben tener un mínimo de talento; no puedo ser completamente injusto con ellos. Pero en el caso de mi tío, el cual incluso ocupó cargos políticos en un país tercermundista, la cosa es bastante distinta. Espero que sus palabras en desorden no sean leídas (para su propio bien), o, si lo son, que reciban su adecuada dosis de justicia (de todas maneras no creo que exista mente capaz de leer ese desperdicio de tinta). Yo, por el contrario, decidí desde el principio seguir la senda del arte y la literatura; y permaneceré aquí, mirando hacia el horizonte, sabiendo que la vida es espiritualidad, y sintiéndome bien conmigo mismo porque nunca me traicioné. Aunque..., quizá, como humano ridículo que soy, tendré en el futuro, cuando mi cabeza me juegue malas pasadas, la gloriosa idea de dedicarme a lo que se dedicó mi tío durante toda su vida; eso es, a hacerle un altar al mundo de la política y de las relaciones sociales. O quizás tenga un repentino acceso de locura y me dedique a formular medicamentos o a operar enfermos en una improvisado quirófano dentro de mi casa. Todo es posible en este mundo al revés... Un saludo, tío Alonso.

20/07/11

En el metro.

Pensar, imaginar, crear. No saber qué hacer cuando estoy frente a ti. Quiero desaparecer. Quiero evitar las penas. ¡Ámame de una vez! Que todo sea fácil. Que todo fluya sin esfuerzo, como el paso de los segundos, los minutos y... ¡Espera! No te vayas... Nada que hacer: cambio de estación. Pensar, imaginar, crear.

22/06/11

Vacío.

Temor e incertidumbre. Su corazón palpitaba con fuerza bajo la piel, sus manos temblorosas sudaban y la respiración pareció dificultarse dentro de ese aire enrarecido. Los moribundos intentaban aferrarse a la vida con los ojos abiertos; como si la visión del mundo los pudiese salvar de lo inevitable. El joven avanzó procurando no mirarlos, intentando negar su propia realidad mortal, y en el habitáculo 502 encontró el cuerpo escuálido de su madre.

09/05/11

Bienvenidos a la Feria del Libro

Todos los años la misma cosa: publicidad, cultura, escritores, farándula, ventas, todos leemos, una ciudad culta, etc. Y mi respuesta invariable: ¡no iré a ese evento de mierda, hecho, justamente, para demostrar la incultura que se respira en el ambiente! Creo que he ido unas tres veces, a lo sumo; y este año, caí de nuevo. Mi objetivo: caminar como un idiota en busca de posibles editoriales, por si acaso alguna, que lleve una línea independiente a la cual se ajusten mis escritos, osase interesarse y publicar mis dos libros de cuentos y/o mi novela. Tiempo perdido. Estuve unas cuatro horas deambulando por ese espacio lleno de anuncios, promociones y catálogos de venta al por mayor, y solo encontré un puñado de editoriales independientes, lo suficientemente románticas (o dementes) como para pagar su pequeño espacio de promoción. Aprovecho para recomendar una de Medellín; hermosa, sobria, dedicada al arte y, por supuesto, con poco público (comparada con las multinacionales editoriales): "Tragaluz Editores". Ninguna de ellas se adaptaba a mis libros, o lo contrario. De resto: muy poco. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que había malgastado el dinero de la entrada (ese mismo dinero pudo servirme para comprar afuera un libro de segunda mano o, dependiendo del antojo del momento, un par de cervezas). Y ahora confirmo lo que siempre he pensado: la feria del libro de Bogotá (no sé cómo serán las otras, aunque supongo que deben parecerse) es una basura. Para aquellos (como yo) que aún creen que la literatura (novelas, cuentos, teatro, poesía) es la invitada de honor a esta payasada de feria, la realidad será un golpe amargo, no solo por lo que encontrarán en los stands llenos de luz y vendedores con sonrisa hipócrita, sino por lo que ello conlleva, incluida la realidad social y global. Según mis cálculos, la literatura ocupa un 40%, como máximo, de los libros que serán consumidos por el lector de circunstancias. El resto es ocupado y dominado por los libros de autosuperación, de tráfico de creencias religiosas, de recetas de cocina y de ingenierías, marketing y cómo ser un hombre exitoso. Es normal: eso es lo quieren que la gente consuma; y como el público es dado a comprar y a inclinarse afectiva y espiritualmente por lo que el "mercado" imponga, entonces no hay nada que hacer; vamos hacia un mundo que va a terminar matando la nobleza del arte y de la literatura. Y si no me creen, entonces basta pasear por los stands de las multinacionales editoriales (no diré nombres para evitar demandas): como si fueran supermercados, ellas embuten en un solo espacio todos sus productos, más los productos editados por las editoriales pequeñas que ya desaparecieron y que ahora forman parte de sus emporios. El resultado es horrible y triste: encuentra uno literatura, sí. Pero está mezclada  con los libros de otro tipo, los que más gustan al público idiotizado. Y, analizando los títulos de las novelas o de los libros de cuento o de poesía, se da uno cuenta de que incluso ellos hacen parte de una estrategia de marketing  muy bien organizada por los monstruos transnacionales que trafican letras. Le estrategia no es otra sino vender literatura barata y de fácil consumo; libros que puedan ser fácilmente leídos por un público inculto. Además, para convencer aún más al vulgo, esos libros deben estar acompañados por grandes carteles que exhiben en letras rojas la cantidad de ejemplares vendidos alrededor del mundo o los premios de primerísima categoría que ha obtenido el escritor (premios otorgados por sus propios jefes: las grandes editoriales. Como una serpiente mordiéndose la cola el premio se entrega a quien garantiza éxito en ventas). Lo digo una vez más: soy un fastidio y la mayoría de la gente que me lee termina detestándome; pero si no lo digo yo, ¿quién lo hará? Piénsenlo bien: no se necesita una feria ni toda esa publicidad para lograr el mismo cometido cultural. Porque en esta maldita feria se encuentra lo mismo que en cualquier callejuela o en la publicidad de la televisión; los mismos libracos baratos. El propósito de la feria no es fomentar la cultura, como pretenden hacerlo creer los organizadores, las autoridades, los políticos o, incluso, los escritores invitados que vienen a hacer conversatorios baratos y de mal gusto en los que se revuelcan en sus quince minutos de popularidad. ¡No! La Feria del Libro está viva porque el pueblo es cada vez más bruto e ignorante. Sucede lo mismo con la política; basta con mirar el tipo de gentuza que cuenta con mayor apoyo popular. Pero es que al pueblo es tan fácil dominarlo; solo hay que sonreír y hacerle creer que se está haciendo algo por su bien cuando en realidad se le está robando la vida y su alma. El populacho cree más en las sonrisas hipócritas y en las estadísticas que en lo que su carne siente y su mente sufre. Ya imagino ahora los titulares de la prensa idiota: "Cifra récord en entrada de la Feria del Libro" o "Los colombianos leen más que hace veinte años". Y todos contentos (sobre todo las multinacionales editoriales). Bueno, en mi caso, de nuevo a pensar en concursos de literatura (pero pequeños. No de los que premian a quienes ya tienen renombre y reputación); y a intentar ahorrar para autoeditar mis libros que nadie leerá. Un consejo más: ¡No vayan a la feria del libro! Si quieren un libro, por ahí hay unas cuantas librerías con hermosos tesoros que esperan ser leídos.  

01/05/11

Cuerpos danzando.

Algunos podrán llamarme anticuado; otros, quizá los más extremistas, amargado; unos pocos dirán que soy envidioso. Pero sería muy fácil catalogarme de anticuado, amargado o envidioso; la realidad es mucho más compleja como para encerrarme en tres simples palabras. Sin embargo, pensándolo detenidamente, no sabría qué otros términos usar. Entonces, llámenme como quieran; mi vida seguirá igual; soy una construcción de mí mismo y, a decir verdad, me siento bien, muy bien. Anoche lo comprobé una vez más mientras los veía bailar.  Era una discoteca en el centro de la ciudad (no diré nombres porque no he recibido dinero por la publicidad). No es que frecuente este tipo de establecimientos, pero en esta ocasión fui invitado por una amiga para celebrar su despedida; así que, nada que hacer: me vi rodeado de cientos, miles, millones de cuerpos hacinados y sudados bailando en movimientos convulsos. Afortunadamente mi amada esposa estaba conmigo; entre trago y trago, nos burlábamos de ellos y hablábamos de cosas bellas, de sueños, de poesía. ¡Qué delicia es compartir el alma con otra alma! El universo que se creía infinito no lo era, y al amar de verdad a una mujer se descubre que uno vivía encerrado y que las posibilidades se extendían mucho más allá. Entonces, lo que uno creía infinito era finito, y el descubrimiento de la eternidad lo ha hecho evidente. Reímos. Nuestra posición es privilegiada: estamos en una suerte de balcón; sólo hace falta mirar hacia abajo para encontrar el caos y el frenesí de los cuerpos danzando. Me molesta, me molesta en extremo; es antiestético, es vulgar, es grosero. Sus pieles brillan, sus extremidades vibran, sus exhalaciones se solidifican en el aire cada vez más pesado. Mira los rostros, querida. Parecen máscaras de caucho: se estiran y se contraen, se pierden dentro de sus propios gestos. Y los ojos se extravían; solo se ve la parte blanca; son fantasmas, fantasmas en éxtasis. Los hombres miran con semblante desafiante: "Yo soy el macho en este lugar; las mujeres se derriten ante mi baile y me entregarán su sexo. Será un triunfo más para mí, hombre de verdad. Follaremos y jamás nos volveremos a ver". Así es, muchos machos creyendo ser cimas evolutivas; pero solo son simios sin pelo; y, peor aún, moviendo su cuerpo al ritmo de esa música extraña. Pum, pum, pum. Piernas para un lado, brazos hacia el otro. Y miradas, miradas desafiantes atravesando el curso de otras miradas: las lujuriosas, las que captan las feromonas que atestan el lugar. Las mujeres se mueven sensualmente como serpientes embrujadas por el sonido de una flauta mágica. Caderas para un lado y para el otro. Ojos anhelantes de sexo. "Aquí estoy. Mi cuerpo desea ser tocado. Esta noche no dormiré sola." Nuevo movimiento de caderas, acompañado de mirada erótica. Manos se deslizan por la superficie brillante y sudorosa. Ebullición. Y las luces, que vienen de todos lados, se encienden, se apagan, se encienden, se apagan... Pum, pum, pum. Todos bailan, se contornean, ofrecen su carne. Bajo el suelo hay un monstruo gigantesco cuya piel posee muchos pelos que parecen cuerpos humanos bailando en la discoteca. Es una especie de anémona; sus extremidades gelatinosas se desean entre sí. Mi esposa y yo estamos bajo el mar y contemplamos las ondulaciones venéreas de esos flanes humanos. No, no hay amor. Ellos solo se mueven porque la corriente marina va en aquella dirección. Te propongo una cosa, amada mía. Tomemos el camino contra la corriente. Salgamos de este mundo de humores y sudores, y vayamos a seguir creando nuestro universo. Bailemos, bailemos. Pero solos tu y yo. Demos vueltas y vueltas; giremos hasta el infinito. Y amémonos por siempre; lejos de ellos, lejos de la anémona.

13/04/11

Caído.


                                          Óleo, látex, alambre sobre lienzo. 100 x 70 cm. Año 2007.

27/03/11

En el teatro.

Sábado en la noche. Obra de teatro. Ya han transcurrido unos veinte minutos y, emocionado, descubro que me he metido en la trama. Un actor entra, una actriz sale. Diálogo, cambio de luces, un objeto que aparece en el fondo del escenario. Un romance, una tragedia. Nuevo juego de luces y música tenue acompañando la escena. El actor de sombrero blanco aparece, expone bajo la luz cenital un par de pensamientos y desaparece por el otro lado. Estoy aún más metido en la obra. Uno de los actores mira hacia el público. Detrás de mí algo se mueve. Y, luego, comienza a llorar. Adelante, la obra sigue; pero voy saliendo; ya no estoy dentro. El llanto a mis espaldas continúa, se hace más fuerte, insoportable. Luego, silencio. Intento retomar el hilo de la situación. Una actriz con cara de tristeza. Cambio de luces. Escena interesante.Cinco minutos pasan. Y, de nuevo, llanto en la fila de atrás. Más fuerte. Dura diez minutos. Es un niño de unos tres años, camuflado entre el público. La obra sigue su ritmo. Pero perdí la concentración. El niño llora, chilla, grita. Es desesperante.
-¡Cállese! -le digo a la criatura volviendo la cabeza-. O al menos vaya a llorar afuera.
El niño me mira con ojos acuosos. Ahora llora más fuerte. Eso de pelear con niños se me da bien. Aunque, como siempre, salgo perdiendo. Yo quiero llorar también. La obra termina, no sé cómo. Otra vez será. Los actores hacen la venía. Aplausos. Yo estoy enfadado, aunque aplaudo, igualmente. Luces encendidas. el público sale. El niñito levita entre los brazos de sus padres. Imbéciles.
Una cosa más: Si no aguantaron los deseos de follar y tuvieron un hijo no deseado, no es mi culpa que lo arrastren por la vida como un perro. Ahora llegó el momento de asumir responsabilidades y de olvidar su antigua vida bohemia. Un hijo les ha cambiado la vida. Y aunque el público en la sala es numeroso vino aquí para ver otra cosa, y no su maldita tragedia. Ah, y no pongan ese rostro desfigurado. Hablo en serio.
Ahora: si el hijo fue planeado, felicitaciones. Al cigoto le crecieron extremidades y será un futuro humano ejemplar; puede que hasta un éxito social. Pero eso no cambia la cosa: es una parte de ustedes y no de nosotros.
Hijo: tendrás que hacerle la vida imposible a esos padres de pacotilla. Míralos: Papá y Mamá son egoístas. Sólo piensan en sí mismos, y lo que suceda alrededor les importa un carajo. De hecho, tu vida es nada para ellos. Castígalos por favor; sé un niño necio, desjuiciado, insoportable. Que sufran esos malditos.
Otra cosa: ¿El niño pagó boleta?

25/03/11

Nueva era. (NEW AGE).

                  
                                      Óleo sobre lienzo. 120 x 100 cm. Año 2008.

23/03/11

Dudas que me asaltan.

Bueno. Una vez más, las dudas ramificadas que tanto molestan a los que deben (porque no pueden hacerlo de otro modo) vivir la cotidianidad sin sentir en sus poros y en sus pensamientos aquella corrosiva y constante sensación de incertidumbre. ¿De qué? De todo. Soy fastidioso, lo sé. Mis relaciones sociales no pululan, y me cerraron la cuenta de Facebook por tener pocos amigos (mi existencia no es económicamente rentable). El caso es que las dudas y su aplicación al circo social, la crítica, aparecen de nuevo en el sombrío horizonte de mis palabras. Y las palabras vinieron con premura a ocupar su lugar en este espacio sin espacio. Las dudas: en este caso mis enemigos vendrán, una vez más, del círculo de chauvinistas y ultranacionalistas colombianos (que son casi todos en este país de ciegos). El asunto es de actualidad, y más de un arribista estará hablando de él aunque  en su vida jamás haya tocado aquel objeto misterioso y peligroso llamado "libro". Se trata del más reciente ganador del prestigioso premio Alfaguara de novela. Un colombiano muy bien peinado cuyas opiniones literarias pueden ser leídas en un periódico bastante conocido del país. Se llama Juan Gabriel Vásquez, creo; y su novela "El ruido de las cosas al caer" se impuso sobre no sé cuántos cientos de novelas de menor calidad. Lo acepto: jamás he leído libro de aquel afortunado que acaba de ganar más de 100.000 euros, además de un nombre enmarcado en oro en los anales de la literatura hispanoamericana. Supongo que el individuo escribe bien; no creo que los de Alfaguara premien un libro malo. Pero, he aquí la cuestión que me hará acreedor de sendos ataques nacionalistas: el señor Vásquez hizo parte del jurado del mismo premio el año inmediatamente anterior (2010). La cuestión aquí no es de envidias o de desprestigios; se trata de la ética. Por más que cavilo y que intento solucionar la espinosa cuestión, no llego a comprender cómo alguien que ha sido jurado de un premio y que, por lo tanto, tiene un vínculo laboral y afectivo con la empresa que otorga el premio, puede ahora resultar siendo el flamante ganador del mismo. Es misterioso, lo sé. Quizás, a pesar de lo que mi lógica dice, las cosas hacen este ruido cuando caen. El problema es que mi ingenuidad me ha dicho también que hay ciertas cosas que no deben caer, y cuya naturaleza (al menos ideal) debería garantizar un perpetuo flotar. Amigos colombianos: pueden sentirse orgullosos porque un súbdito de sus tierras ha ganado un nuevo premio. Incertidumbre. Y yo que tenía planes de participar en el  premio 2012 con una novela que acabo de terminar. Ahora, no lo haré. Tal vez me equivoque, tal vez veo fantasmas en donde no los hay. Los ganadores escriben bien; de lo contrario no ganarían. Pero hay cuestiones inexplicables que ponen en tela de juicio la transparencia de ciertas cosas. Bueno, a lo mejor algún novel escritor ha tenido o tendrá la suerte de verse en una situación tan propicia. Pero creo que los casos de este tipo son muy reducidos. Una editorial es una empresa, y como tal debe multiplicar sus inversiones económicas. Deben recuperar con ventas el dinero otorgado al ganador, y para ello es mejor que éste no sea un desconocido. Pero ¿para qué convocar a un concurso? Si la rentabilidad está con los escritores conocidos deberían ahorrarse las molestias de recibir más de 500 novelas que no leerán. Más aún: deberían evitar que algunos soñadores (¿como yo?) envíen sus obras para probar su suerte. Claro que a lo mejor me equivoco. Algún día alguien me dirá que fue así. Quizás llegará el momento en el que tendré que ser famoso, mi imagen aparecerá en los medios masivos y diré luego de ganar un prestigioso premio: "No hay dudas, no hay incertidumbre. Todo es claridad". Como sea, no doy mi brazo a torcer. El trabajo arduo ha de ser recompensado. Y no puedo dejar de pensar que todos, incluidos los que tienen la Gracia de ser reconocidos por sus obras, fueron alguna vez desconocidos. El camino empieza de cero. Así que, por más obstáculos y espectros que haya, es menester seguir adelante.

22/03/11

Mami Nelly.

Un tío me pidió que hiciera un retrato de mi abuela y este fue el resultado...

                                    
                                  Óleo sobre lienzo. 100 x 120 cm. Año 2008.

17/03/11

Carta a los organizadores de una exposición.

La siguiente es la carta que envié a lo organizadores de una exposición. Lo hice luego de que uno de los artistas seleccionados me enviara una carta privada, solicitando mi participación en su proyecto; cosa que, supongo, recibieron los demás artistas que querían exponer. No está de más decir que, desde antes de recibirla, yo ya sabía que mi obra no había sido seleccionada para participar. No me estoy quejando por ello; de hecho imagino que los seleccionados son artistas de alto nivel. Mi queja directa es con los organizadores por permitir que uno de los artistas que si fueron seleccionados pueda, por intermedio del nombre de la institución, tener acceso a mis datos.

Buenos días.
Escribo porque el día de ayer recibí un correo privado, en el que se me devolvía el portafolio enviado para participar en el Salón de Arte BBVA, Nuevos Nombres Banco de la República 2010. Junto a éste, había una carta de parte del señor Alejandro Mancera Obando, uno de los seleccionados para exponer su obra en el salón, solicitando la participación de los demás artistas interesados en exponer.  Me parece muy extraño que uno de los seleccionados tenga acceso a los datos del resto de quienes enviamos nuestras propuestas, y que además, llegue a nuestro hogar la solicitud de ayudarlo con su obra. No creo que sea muy ético de parte de los organizadores del salón que los datos de los artistas sean enviados al señor Mancera Obando. En mi caso, al enviar la solicitud, lo hice pensando que la institución guardaba una cierta responsabilidad y respeto con los artistas interesados. No conozco, ni me interesa, cual es la relación del señor Mancera Obando con los organizadores. Lo que considero inaceptable es que él tenga acceso, por intermedio de un correo privado del Salón de Arte BBVA, a los demás. 
Espero que situaciones como la presente no se vuelvan a repetir.
Un saludo.
Óscar Olarte Gómez.

25/02/11

Primer paso hacia el éxito.

El día de ayer experimenté uno de aquellos momentos coyunturales e inolvidables dentro de mi deambular por el jueguillo social; dicha experiencia resulta aún más decisiva siendo yo el sujeto experimentador: un pobre diablo nacido en este minestrone de babazas llamado Colombia.  Supongo que el evento puede parecer normal ante los ojos de cualquier ciudadano corriente, de esos que crecieron con sueños de gusano y que, por lo tanto, viven en la actualidad en la seguridad de su sopor social, intelectual, espiritual y sentimental.  Mejor dicho: un individuo como la mayoría.  Pero para mí, bicho raro desde que tuve uso de conciencia, sobre todo en este lugar de borrachos, asesinos y estafadores, el asunto tuvo un aura de beatitud; creo que por vez primera sentí que soy "alguien", y que, aunque parezca descabellado, también puedo hacer parte de esta sociedad de alienados mentales.  Sucedió en el juzgado segundo de familia de Bogotá, en la carrera séptima, justo al lado del lugar en donde el cuerpo de Jorge Eliécer Gaitán cayó bajo el peso del odio (cosa igualmente común entre los colombianos) de algún desdichado obedeciendo órdenes de cierta mente criminal.  Estaba entonces en el mencionado santuario de tinterillos y burócratas pidiendo, mas bien rogando, que me expedieran un papel archivado en el folio tal, del cuaderno verde del año 1993.  Aclaro de paso que el documento no era mío, afortunadamente porque no hay nada más detestable que familias recurriendo a jueces, sino que era un encargo de algún conocido que no podía presentarse personalmente.  Luego de hacer la infructuosa fila, como todas aquí, y de soportar con paciencia el desagradable rostro de quienes estaban allí (porque el populacho agachado frente a la burocracia es en extremo antiestético), llegué por fin frente a la funcionaria con cara de salamandra y manifesté el motivo de mi funesta presencia en aquel lugar.  Fue entonces que llegó para mí el glorioso momento del nirvana: la mujer, de unos cincuenta años, me miró a los ojos y, apurando la diligencia, me llamo: "DOCTOR".  Un escalofrío, muy similar al que sucede en el momento de eyacular, recorrió mi cuerpo entero.  ¡Aquella mujer me había llamado DOCTOR!  ¡A mí!  A esas alturas el trámite burocrático pasó a un segundo plano; todo se unificó en ese simple instante en el que dejé de ser un individuo anónimo y sin importancia, para convertirme en un eminente y orgulloso DOCTOR.  Ya sé que el evento parece banal, pero  repito que no lo es; mi vida se convirtió de repente en algo que valía la pena; ante los ojos del prójimo había escalado, sin proponérmelo, algunos escaños en la siempre competitiva realidad social.  Antes no era nada: un pobre vagabundo, sin futuro y sin éxito.  Pero ahora... ahora.  Salí  a encontrarme con el bullicio de la contaminada ciudad, con el pecho henchido y mirada de dignidad.  Alrededor mío transitaban mis colegas: DOCTORES, miles, millones de DOCTORES.   En Colombia, un DOCTOR no es un médico.  No, para entrar a hacer parte de este gremio de seres superiores sólo hace falta portar una corbata, sonreír con un adecuado tono y dar la apariencia de dominar el mundo porque se conocen los secretos del funcionamiento social y del éxito; mejor dicho, tener dinero.  Entre más poder económico, mayor cantidad de DOCTORADOS ante el entendimiento de la muchedumbre.  Alegre, sintiendo que ya podía comenzar a hacer parte de esta sociedad, seguí mi ruta y pensé en las múltiples posibilidades que se abrían frente a mí.  Ya era un DOCTOR, el resto vendría por añadidura.  Podía robar. matar, despojar de sus pertenencias a las familias honradas, podía aspirar a un cargo público o crear mi propia empresa, podía aparentar hacer el bien mientras me beneficiaba económicamente, podía ser admirado, salir en los medios de comunicación, comer en la zona G, traficar con drogas, rezar a dioses, manosear niños, fomentar guerras.  El mundo entero estaba ahora en mis manos.  Por fin llevaría una vida social.

19/02/11

El charco.

A lo largo de la historia de la humanidad, sin importar el área geográfica o el tipo de raza, el ser humano ha debido trabajar, no por una cuestión de mero gusto personal, sino porque trabajar significa, en el fondo, llevar alimentos a la boca y tener un hogar; mejor dicho, sobrevivir en el mundo.  Pero ha sido también una constante en nuestra historia el hecho de que ciertos individuos tienen muchas más ambiciones que las de el simple hecho de comer bien o estar tranquilos; esto es muy normal; incluso yo tengo la ambición de estar bebiendo constantemente una buena botella de alcohol.  Sin embargo, cuando las ambiciones son tan exageradas que se transforman en codicias, el ser codicioso somete a otros seres humanos haciéndolos trabajar para él, logrando así satisfacer sus excesos y creerse superior a sus congéneres trabajadores.  Los humanos siempre hemos sido esclavizados por otros seres humanos; la mayoría de las veces mediante el uso de la fuerza, aunque también han sido válidos y efectivos otros métodos; por ejemplo convencer a los esclavos de que el trabajo ennoblece, o que hay un dios que ayuda y ama a quienes más deben trabajar y sufrir.  En la época en la que me tocó vivir se habían puesto muy de moda estos métodos sutiles, pero poderosos.  Así, en la actualidad la mayoría de gente trabaja haciendo algo que realmente no quiere hacer, viendo con impotencia como los precios de los alimentos suben, mientras que su salario se estanca, aunque el tiempo de trabajo aumenta, y la vida pasa.  Es sumamente difícil encontrar a alguien realmente contento con su situación; eso lo pude comprobar al analizar los rostros de la gente que entraba al restaurante; la mayoría de ellos, buenos trabajadores.  En cuanto a la salida, los únicos realmente contentos o satisfechos eran aquellos que probaban las mieles de doña Judith; pero el resto reflejaba en su mirada una sombra de frustración producida por el hecho de regresar a sus oficinas a cumplir el deber.  Mi caso, en cambio, resultaba ser sumamente especial: trabajaba durante algunas horas al día, aunque afortunadamente no tantas como le tocaba a muchos otros.  Sin embargo no ganaba casi nada.  Si hubiese habido más oficios que hacer en el restaurante, ya fuese antes o después de mi horario normal, de seguro doña Judith me habría obligado a quedarme arrastrándome en el suelo por el cansancio, y aun así, mi salario no habría subido, según suele suceder en la normalidad de las sociedades modernas.  Por supuesto, yo habría aceptado agachando la cabeza, puesto que no tenía ninguna otra opción en mi vida.  Pero el restaurante no tenía atención nocturna, hasta donde pude conocer.  No sé si esto era o no conveniente para mi situación; en realidad creo que en nada cambiaría mi vida si trabajase más o menos, o incluso, si llegase a recibir un aumento de salario; y todo debido a que desde hace mucho tiempo (creo que desde que tuve uso de conciencia) perdí todo tipo de ilusiones o de sueños (aparte de beber).  De todas maneras esto le sucede tarde o temprano a la mayoría de los humanos, aunque les sea difícil aceptarlo.  El ser humano nació para ser esclavizado por sus propias codicias y la satisfacción de éstas obliga necesariamente a esclavizar a los demás.  La única ventaja, o desventaja, que yo tenía era que en mi más intimo ser, en esos diálogos que tenía conmigo mismo y con el mundo que me rodeaba, había llegado a un estado supraconsciente de mí mismo: yo era un esclavo.  Ya sabiéndolo pude llegar a tomar todo como si fuese un juego; así que sonreía, e incluso, con la ayuda del brandy, me divertía. 


Extracto del cuento "El charco", escrito en el año 2008. Si desea leer el cuento entero puede descargar gratis el libro de relatos "Execror" haciendo click en la imagen de la parte derecha del blog. 

08/02/11

Condenados

No sé cuánto tiempo ha pasado pero a veces, rodeado por el silencio absoluto (efectivamente Juan murió), dudo de mí mismo.  Habré tomado el camino equivocado o será que realmente, tal y como lo sospechaban en un principio ciertos conocidos, perdí completamente la razón e imaginé monstruos y fantasmas allí en donde sólo había humanidad.  Puede que así sea.  Todo lo que sucede en el presente y tendrá lugar en el futuro está de alguna manera escondido en el pasado... Tratándose de la humanidad sólo hay una explicación posible: el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra; y tres, cuatro... Siempre vuelve a caer creyéndose conocedor de una verdad cuando en realidad su vista y su conocimiento están velados.  La muchedumbre está frente a mí.  Para hacerles creer que eran libres, exaltando de esta manera el nombre de la democracia, les dieron a escoger entre dos opciones: liberar a un reconocido asesino y violador de niños, o liberarme a mí, el peligro de la sociedad.  Es de imaginar cuál fue su elección...


Extracto del cuento "Condenados".  Escrito en el año 2007. Si desea leer el cuento entero, puede descargar gratis el libro de relatos "Execror" haciendo click en la imagen correspondiente en la parte derecha del blog.

06/02/11

El escondite

.  Lo acepto: yo no soy normal.  Pero ¿quién lo es?  Todos tenemos miedos, frustraciones, angustias, maldades.  Se supone que somos todos humanos.  Cuando salgo a la calle camino entre ustedes sabiendo que me están mirando y analizando. Viven aparentemente sus vidas pero, en realidad, saben que estoy ahí, sienten mi presencia y me conocen.  Pero yo también los analizo: ustedes también esconden su interior.  Así que resulta idiota que me vigilen permanentemente.  ¡No me miren!  ¡Ya no más ambigüedades por favor!  ¿Por qué cada vez hay más ojos que me miran?  Todos hacen parte del complot.  El sujeto observado soy yo y esto me convierte en un mero objeto.  Es como si sus vidas dependieran únicamente de mi existencia; de lo contrario ¿a quién observarían?  ¿De quién se burlarían?  Si soy el centro de atención entonces soy su rey.  Han de estar atentos a mi vida entera.  Por eso ponen más cámaras en la calle... y en el cielo.  Para vigilar.  Todo se puede ver.  ¿Y Dios?  ¿Hay un dios todopoderoso que me está observando?  ¡Maldito paranoico el que se inventó a los dioses!    

Extracto del cuento "El escondite", escrito en el año 2007.

26/01/11

El itinerario

Caminando, miré hacia las grises nubes y pensé de nuevo en las reflexiones de los últimos dos días, gracias a lo cual, no lamenté el hecho de perder el espectáculo en el interior del parque Simón Bolívar.  Al fin y al cabo, había sido un partícipe lejano de otro espectáculo más grande: la risible y absurda tragicomedia de la humanidad.  Evento en el cual cada uno de los figurantes juega su propio rol siguiendo el mandato de un director invisible.  Pensé en mi propia vida, y en lo que significa para los humanos el hecho de vivir.  Imaginé también la posibilidad de un ojo espacial cuya atención se centrara en un sólo punto y al mismo tiempo en la totalidad, siguiendo fielmente el curso de las acciones humanas.  Tras reírme de nuevo, grité en voz alta y con los brazos abiertos: ¿De qué lado estoy?


Fragmento del cuento "El itinerario", escrito en el año 2007.

08/01/11

Una noche.

Lo que cuenta realmente es que en aquel momento, ayudado también por la misteriosa expresión de sus ojos, supe para mi gran placer personal que tenía frente a mí a una mujer que, a pesar de poseer un gran carácter y una aparente seguridad en su pensar y en su proceder, guardaba también en su persona una simbiosis adecuada de estos elementos junto con la dulzura de la feminidad, un inagotable espíritu infantil y, si no me equivoco, una pizca de melancolía. Mujeres como ésta hay pocas en el mundo; y la mayoría de los hombres es tan idiota, que no se da cuenta jamás del verdadero valor que puede llegar a tener alguien así, olvidando que su deber es el de proveer combustible a las alas femeninas para que éstas se desplieguen tanto como para poder abarcar con ellas el mundo entero. Lo peor de todo es que una mujer valiosa, al toparse constantemente con hombres que la subvaloran, termina convenciéndose a sí misma de su pequeñez y, luego de perder definitivamente sus alas, el diamante en bruto se extravía para siempre en los oscuros y fríos meandros del olvido.
Extracto del cuento "Una noche", escrito en el año 2007. Dedicado al gran amor de mi vida.

22/11/10

Whisky



Instalación hecha con maniquíes y fotos de los gobernantes del mundo en posición de autosatisfacción y orgullo por robar las riquezas del planeta haciéndose pasar, como buenos diplomáticos que son, por almas caritativas y bondadosas.

15/06/10

La democracia y yo

Desde que era pequeño, siempre sentí que había una diferencia abismal entre quienes me rodeaban y mi pensamiento. No era el hecho de que me creyera único; era más bien el descubrimiento paulatino de la diferencia conceptual que había entre ellos y yo. Seguramente siempre me vieron como una especie de alienado mental (aunque desde mi posición, el problema estaba en ellos). Nunca me gustó la música que escuchaban. Jamás me divertí en sus fiestas. Sus sonrisas me parecían falsas. Fui creciendo, y las similitudes entre nosotros disminuyeron. La mayoría quería ser "alguien" dentro de la sociedad; lo cual quería decir: lograr el éxito social; tener dinero y propiedades. Yo sólo quería seguir aprendiendo de la vida; disfrutar, conocer, amar. El arte siempre me atrajo; fue un excelente recurso para llegar a mis metas "alienadas". Así, mis costumbres y las suyas parecieron ser dos universos completamente distintos y autónomos. No me gustaban sus gustos, huía de sus fanatismos y me daban miedo sus religiones. Cuando se reunían en eventos masivos, yo prefería alejarme mientras escuchaba sus cánticos en la distancia. Y en la actualidad esta distancia nos separa aún. Entonces me pregunto: ¿por qué demonios me sorprendo al ver que mis preferencias políticas no son elegidas por la mayoría? En la democracia siempre seré un perdedor; la sabiduría expresada en la voz del pueblo nunca será mía. Mejor me quedo aquí en mi rincón soñando con las dictaduras de la belleza y las monarquías de la fraternidad. Sólo en mi mente ocurrirán. Mientras tanto, ustedes seguirán creando (o creyendo crear) sus falsas democracias y sus ilusiones de libertad.

24/05/10

Acuarelillas

La siguiente es una serie de acuarelas miniatura, hecha en el año 2007.
Debo advertir, sin embargo, que su calidad es altísimamente inferior a las imágenes mostradas aquí. No se dejen engañar por sus sentidos.











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