19/9/11

Un hombre ejemplar

Me gradué de la Escuela de Medicina hace cinco años. Mis padres y familiares expresaron entonces, y desde mucho antes, cuando mostré mis capacidades y talentos, una alegría y un orgullo sin límites, cosa que no dejaron de recordar en cada reunión social en la que, por supuesto, yo era la estrella. Pasado el tiempo, ya consolidado como uno de los mejores médicos de la provincia en donde nací, el orgullo familiar, y el mío, aumentó considerablemente; no era para menos: las empresas privadas encargadas de prestar los servicios de salud me elegían, año tras año, como uno de los empleados más eficientes y carismáticos, como un médico verdaderamente ejemplar. Mi manera de actuar era clara: cuando un paciente llegaba, lo observaba, lo analizaba y le decía que en realidad sus dolencias eran momentáneas y no tenían la gravedad que en principio parecían tener. Por supuesto, le formulaba unas cuantas píldoras baratas, y el enfermo, mi cliente, se iba a su casa y dejaba de molestar con sus supuestas dolencias. La empresa en donde trabajo, una de las más exitosas del país, notó muy pronto que yo era uno de esos médicos que piensa primero en el progreso y en el desarrollo empresarial y no en cuestiones nimias como la salud de un simple humano sin valor alguno. Por eso fui nombrado en varias ocasiones "Empleado del mes". Obviamente, mis labores altruistas siguieron su carrera ascendente, lo cual en muy poco tiempo significó que mi situación económica fuese más que envidiable; de hecho, aún en la actualidad sigo siendo la estrella de las reuniones sociales y mi querida madre recibe a los invitados en el salón principal de una de mis casas y muestra, con visible emoción en sus ojos, todos los objetos que he podido adquirir gracias a mi eficacia médica. En el trabajo descubrí que mi imagen también ganaría puntos si evitaba que los pacientes se tomaran los exámenes más costosos. Mi empresa me lo agradeció y mi salario aumentó tanto en tan poco tiempo que ahora soy dueño de muchas propiedades, autos y demás pequeños objetos placenteros tan importantes para hacer de un individuo alguien verdaderamente exitoso. Ya me lo habían dicho en la escuela: lo importante es tener, poseer. Algunos locos dirán que un humano se mide por lo que hace o lo que es, pero yo creo que me tienen envidia: tengo ahora tanto dinero que sería necio que me ocupe de lo que dicen mis detractores. Además, la mejor prueba de lo que soy es el ambiente exquisito de mis reuniones sociales; si el centro de interés soy yo, y mis logros, entonces soy realmente un individuo exitoso. Pero tengo ambiciones aún más grandes. Como me convertí en el médico más importante, en el que cuida de cerca los intereses económicos de mi empresa, fui nombrado representante internacional y modelo de hombre emprendedor. Ahora viajo por todo el mundo vendiendo los últimos medicamentos inventados por una gran industria farmaceútica. Por cada negocio que logro, sobre todo en los países del tercer mundo, recibo una cuantiosa comisión, además de los honores y las felicitaciones de los hombres más poderosos del planeta. Algunos dicen que la salud del ser humano es un derecho fundamental, pero yo creo que esto es una locura: quien quiera preservar su salud debe pagar bastante (le recomiendo los productos de la industria para la cual trabajo). Mi pensamiento altruista y filantrópico me ha llevado muy lejos. De seguro seguiré creciendo económica y espiritualmente, porque la salud verdadera es el dinero. Ya lo decía mi madre cuando yo era un pequeño: "Mi muchacho será un hombre exitoso. Es inteligente y no vivirá en la pobreza". Mírame madre, mírame bien. No hagas caso de quienes dicen que por mi culpa han muerto muchas personas. Yo siempre he hecho lo mejor para la sociedad y para mi empresa. Es envidia lo que me tienen: su fotografía no ha salido jamás en las crónicas sociales y su pobreza económica los enceguece. Hagamos una reunión social madre, quiero ser alabado. Invitemos a figuras de la política, a empresarios, a los medios de comunicación. Soy un hombre de bien. Soy un hombre ejemplar.

6 comentarios:

Pedro López Manzano dijo...

Quizá con los años este hombre ejemplar, en el cenit de su vida, decida plasmar sus inmejorables experiencias en una autobiografía -o su estilo de vida en un libro de autoayuda- convencido de su talento con las letras.

Felicidades por tus últimas entradas. Me han gustado mucho.

starangkor dijo...

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Alejandro Cabrol dijo...

La verdad que el personaje no muestra fisuras en su construcción individual (ni escrúpulos) Es lo que llamamos un verdadero y existoso hijo de puta! Buenísimo tu texto.

BELLARTE. dijo...

Què importa un hombre?, la muerte es natural, por què hacer tanto escandalo?, el dinero es para Los vivos y sanos.

meg dijo...

Hay mucho hijo de puta por ahí, con estos mismos razonamientos. Los más sangrantes, los representantes de los laboratorios y sus patentes a millon la medicina. ¿Algún día se pondrá coto a esto?.

meg dijo...

Por cierto, Persona, ¿es enceguecer o cegar?. Perdóname pero dices que aceptas críticas. Nosotros decimos "le ciega" en lugar de "le enceguece". De todos modos es pecata minuta en un relato fantástico.

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